jueves, 2 de mayo de 2019

¿Un campo de trabajo?

Uno, no. Dos campos. Porque sí. Se me ocurrió el año pasado y, a pesar de haber rondado el fracaso porque estuvo a punto de ser suspendido, la experiencia mereció la pena. Mucho.
Por eso este año me dije: uno,no, dos. Aunaque también han surgido problemas de distinta índole, al final todo está en marcha. Lo mejor, que ya hay jóvenes interesados. Chicos y chicas de 18 a 25 años que se van a reencontrar con el mundo rural o lo van a descubrir.
Porque no lo he dicho, pero el lugar es espectacular: el corazón del Parque Natural del Alto Tajo. ¿Quién diría que no a una oferta así? Yo desde luego perdería la oportunidad. Ni la voy a perder. Así que lo disfrutaré a tope...

sábado, 23 de marzo de 2019

¿La ruta del Colesterol?



     Esta semana he tenido que ir al médico porque estaba notando que tenía un comportamiento un poco extraño para lo que es habitual a mí. Después de contarle mi problema le pregunté:
     -Doctor, ¿qué padezco?
Me respondió con una sonrisa burlona:
     -Padece... padece... ¡Un ocito! jjjjjjjj
     -¡Doctorrrr!¡Que es un chiste muy viejo!¡Que esto es muy serio! ¿Qué me está pasando?
     -Está bien, le diré: padece S.D.E.
     Aquella respuesta me asustó, porque no sabía qué leñes significaba ¿qué qué??? En cristiano...
     -No se asuste, no es para tanto. Sólo es Síndrome de Diógenes Evolucionado... No es grave; solo le da por recoger basura que otros tiran por el campo y usted la reclica; mientras no vaya a mayores puede estar tranquilo.
    -¿Tiene cura?
   -No, cura es usted. jjjj
Otra vez estaba burlándose de mí. Le hice ver mi malestar, así que recomponiendo su cara (intentaba dejar de sonreir), me dijo que se solucionaba cuando la gente dejara de tirar cosas por ahí. Y pensé: "Pues estoy jo...robado. Porque eso no va a pasar nunca".
     Con mi resignación debajo del brazo me despedí del doctor. Ya no me atrevía ha hacerle la última pregunta, por miedo a su respuesta. Pero me hubiera gustado saber porqué a la ruta que yo hacía le llamaban la ruta del colesterol si allí la gente lo que iba a dejar, más que colesterol, era el tabaco, las cervezas y los mocos... ¿Qué cómo lo sé? Porque grasa no encontré por ningún sitio, pero latas de cerveza, paquetes de tabaco y pañuelos de papel había para llenar un tren... Bueno, tanto como un tren no, pero sí un buen número de bolsas.

viernes, 15 de marzo de 2019

Salvemos el planeta.

"¡Salvemos el planeta!" gritaban miles de personas por las calles de muchas ciudades... "Quiero salvar el planeta", meditaba fray Leyrando mientras paseaba por los pinares próximos al monasterio. Así que cada vez que veía algo que no debería estar en aquel lugar, se agachaba y lo recogía; no podía con todo, pero sabía que más temprano o más tarde volvería a pasar y tendría la oprtunidad de recoger lo que había dejado.
     Al llegar a la celda, recuento; al principio se sorprendía de lo que encontraba, pero a puro de verlo cada día se acostumbró a recoger de todo. Estaba el papel (principalmente pañuelos), los metales de todo tipo (sobre todo latas oxidadas y aplastadas), los paquetes de tabaco y filtros (muchos, demasiados), las latas de aluminio (mayoría las que una vez estuvieron llenas de cerveza), cristal y el premio gordo de los plásticos (era impresionante lo numerosos que eran en algunos lugares)... Lo que tampoco faltaba: cartuchos y hasta un casquillo de bala. El frayle no pudo más que pensar: "Le estamos pegando tantos tiros al planeta que algún día lo vamos a matar... y nos vamos a dar un tiro en el pie que no va a tener remedio..."




miércoles, 6 de marzo de 2019

Relatos 7


     Las semanas iban transcurriendo sin descanso y ya había dado tiempo a que muchos se recolocaran en sus respectivos bandos, que ya se habían bautizado mutuamente: los amarillos eran los que habían ganado las elecciones; los añiles los que no. Luego, en cada zona también quedaron muchos atrapados haciendo como que defendían las ideas con las que no estaban nada de acuerdo; pero la necesidad de salvar la vida les hacía callar las propias.
     La presencia de los milicianos era habitual por las calles de El Sauce. Es más, el pueblo había duplicado su población, ya que muchos se quedaban acogidos en las casas. Mataban el tiempo, si se puede decir así en una guerra y no es políticamente incorrecto, paseando por las calles, ligando con alguna moza o simplemente charlando en corrillos. Para los chavalillos aquello era una gran diversión y un entretenimiento en el que ocupar su tiempo ya que era época de vacaciones y la siega aún no había comenzado.
     Los críos se acercaban a los milicianos y los acribillan a preguntas; molestaban, pedían alguna cosa, querían tocar los fusiles. Uno de los que se ponían más pesados era Valentín, hasta el punto que uno de los milicianos, harto del crío le gritó: "Anda, niño, vete a darle la murga a tu padre". Valentín, que entonces tenía nueve años, miró seriamente a aquel hombre y le espetó sin más: "Ojalá entren en el pueblo los añiles y te peguen un tiro". Sus piernas y su agilidad le valieron para escapar de la furia del miliciano; aunque este, a su vuelta al grupo, no pudo evitar contagiarse de las carcajadas de sus compañeros. Pensó para sus adentros: "Vaya con el crío de los cojones".

jueves, 21 de febrero de 2019

Relatos 6

     El primer bombardeo fue una sorpresa para todos. Pero después de aquello no podía volver a repetirse el que los pillaran desprevenidos. Así que los milicianos decidieron tomar medidas; se construyeron refugios en la iglesia, el picozo y la cuesta la vega. Para avisar, se dispuso que sonarían las campanas  al menor síntoma de la llegada de los aviones. Así que una tarde, se subieron al campanario, descolgaron las campanas y se llevaron a la parte alta del pueblo, cerca de uno de los refigios antiaéreos. Aunque la operación no fue todo lo precisa que debía y una de las campanas se hizo mil pedazos.
     Los refugios y el aviso de campana no hacían desaparecer el temor pero daban una cierta seguridad. así se demostró una tarde de mitad de agosto; cuando sonó la campana, todo el mundo corrió a refugiarse; sólo algunos niños más pequeños que aún no entendían bien lo que pasaba y que estaban en sus juegos se despistaron, aunque al oír aquel ruido infernal se desató el llanto. Afortunadamente, algunos milicianos que se dieron cuenta corrieron a por los niños y cargados con ellos llegaron al refugio. Fue providencial y una demostración más de que, muy a pesar de algunos, aquellos hombres armados no eran todos unos desalmados.


martes, 12 de febrero de 2019

Relatos 5

    A las pocas semanas de la llegada de los milicianos, un sonido hasta entonces casi desconocido comenzó a hacerse habitual. Era un sonido que provenía del cielo y que pasaría a convertirse para muchos, especialmente para los niños, en sinónimo de terror más que miedo. Los aeroplanos, con el ruido característico de sus motores, comenzaron a surcar los cielos y generalmente era para descargar su mercancía: regalos de metal cargados de muerte...
   Aquella mañana todo parecía normal. Las escuelas se habían convertido en hospital de campaña donde ya se curaba a varios heridos menos graves provenientes de las escaramuzas entre bandos  que se habían producido en los alrededores del pueblo. Algunos sacaban las mulas para que bebieran agua y pastaran. Los milicianos deambulaban por las calles... Gloria, la hija de la boticaria, vendía leche por las casas para complementar los ingresos familiares, un poco escasos; era una adolescente rubia, guapa, simpática, de buena presencia... Pero desde que había estallado el conflicto, andaba como triste y apagada. Cuando la tía María le abrió la puerta para comprarle el cuartillo de leche como hacía cada mañana, vió a la chiquilla tan asustada que le preguntó:
    -¿Qué te pasa hija que vas con esa cara?
    -¡Ay, tía María! Que la primera a la que van a matar en el pueblo va a ser a mí...
    -¡Anda, anda!- le dijo la tía María para animarla- Que no te va a pasar nada. Estate tranquila...
    Gloria siguió su ronda. A los pocos minutos comenzó a sonar aquel ruido en el cielo y enseguida aparecieron por el horizonte los aviones; abrieron sus panzas y salieron los proyectiles buscando las escuelas; el silvido en su caída libre era cada vez más cercano. De repente, sonaron varias explosiones; una bomba alcanzó el patio de la escuela e hizo saltar por los aires las tapias; las otras cayeron cerca de la fuente... Gritos, llanto y dolor... Cuando se alejó el ruido todo era confusión; pero tocaba hacer balance. Un miliciano muerto; un paisano y su mula, muertos... ¿Y Gloria? ¿Dónde estaba Gloria? La buscaron, la llamaron... pero no había respuesta. Al final, alguien encontró unos restos de cabello rubio en una pared de las cortes de las Escuadrillas, al lado de un cráter dejado por una de las bombas...
    La tía María, al enterarse, lloró en silencio y pensó: "La pobre niña tenía razón. Ha sido la primera... Que Dios la tenga en su gloria". Aquel día triste y aciago fue el primero de muchos. La oscuridad se había instalado en aquellas tierras.


sábado, 9 de febrero de 2019

Relatos 4

    Los primeros días todo parecía normal, salvo por aquel grupo de milicianos; pero, poco a poco, el paisaje humano fue mudando. Desapareció el cura junto con algunos otros que se pasaron a zonas controladas por el "enemigo"; otros fueron reclutados y armados en el pueblo más importante de la zona para empezar a formar las milicias. Había miedo en la gente y nadie se atrevía  a hablar públicamente, salvo los que se sentían afines a los hombres armados; incluso algunos de ellos parecían ahora los amos del pueblo e iban atemorizando a los contrarios.
    Las familias más ricas fueron desalojadas y en su casa se fueron instalando los que hacían de mandos en aquella milicia. Ella todavía era una niña muy pequeña pero sentía que algo pasaba. Una noche alguien golpeó con fuerza la puerta de la casa; sus padres respondieron desde el interior, sin llegar a abrir, con inquietud y miedo. Era uno de los "jefecillos" del pueblo que estaba pasando por las casas de los que habían votado la última vez al "otro bando" (allí todo se sabía), requisando las mantas para los soldados. Era verano pero, aún así, en aquel pueblo el frescor no perdonaba ni aquellas noches.
    La madre de la niña, armándose de valor respondió: "Iré a quitárselas a mis niños, que duermen. Las pocas que tenemos son para ellos".
    El mando que acompañaba al "jefecillo" respondió: "Señora, ¿entonces hay niños en esta casa?"
-"Sí. Tenemos cuatro. El pequeño de dos años".
-"Déjelo. Vamos a buscar a otra casa", dijo el miliciano. Y se marcharon por donde habían venido.
    Así salvó aquella madre la situación y comprendió que no todos los que venían eran quemarretablos. Al menos algunos también conocían la compasión.



CAMPO DE TRABAJO 2020

Quedan meses... casi cinco. Pero las cosas hay que prepararlas con tiempo. Y eso es lo que hacemos. Desde hoy está lanzado el Tercer Camp...