No hay fórmula mágica capaz de revertir la calamitosa situación del Medio
Rural español. ¿Es posible que un pueblo, letrado y vanguardista, culto y
orgulloso de su historia, haya podido olvidar en tan solo 3 generaciones todo
el bagaje cultural que atesoraba?
Más allá de la amarga situación que atravesamos por la despoblación tenemos
que pensar que el contexto global en el que nos encontramos es de
superpoblación y sobreexplotación del planeta. Es por esto por lo que el Mundo
Rural, que abarca el 80% del territorio español, atesora una cantidad de
riqueza cultural, natural, patrimonial, biodiversa… que si fuésemos capaces de
preservar, proteger y dignificar podríamos colocar como motor del progreso que
el país necesita (y más ahora a las puertas de la nueva recesión que se
avecina). Pero como no nos cansaremos de decir, “no hay paisaje sin paisanaje”.
Que los centros de poder y de decisión estén copados por “despaisajados” o
“desmemoriados”, que decía Unamuno no justifica que se perpetúe esta injusta
situación para la gente que habita en el medio rural o que simplemente tiene en
el pueblo su “centro de gravedad permanente”. Lo difícil es cómo protegemos el
paisanaje que queda y cómo reintroducimos aquel que es necesario para que los
servicios a los que tenemos derecho y no siempre tenemos garantizados vuelvan a
ser indiscutiblemente “rentables” en los parámetros de la economía de mercado.
Obviamente se requiere inversión y sobre todo una voluntad política de hacer
del Equilibrio Terriotrial y el cuidado del Mundo Rural una justa CUESTIÓN DE
ESTADO.
No tenemos fórmulas para revertir la situación, pero sí una herramienta
fiable (La ley de desarrollo Sostenible del Medio Rural 45/2007 y el RD
752/2010 que la desarrolla) y una serie de potencialidades económicas que son
las siguientes:
1)- Funcionarios de la administración pública: Existe una cantidad
importante de población flotante en el Medio Rural nutrida por funcionarios
(administración local, educación, sanidad). Incentivar y facilitar la
instalación de aquellos que además de trabajar quisieran instalarse allí con
sus familias permitiría aumentar la renta de los propios trabajadores, fijar
población y disminuir la huella de carbono. Esta medida está plasmada en la
LDSM en el artículo 31, y no es nueva: es lo mismo que en el saber popular
denominamos “la casa del cura”, “la del maestro”, “el farmacéutico” “el
secretario”… que eran propiedades bien del ayuntamiento, bien del común de los
vecinos donde los funcionarios se podían instalar.
2)- En pleno proceso de desertización y cambio climático el agua debería ser
un valor estratégico a proteger. Esto tampoco es nuevo. Existen organismos
supraautonómicos llamados “confederaciones hidrográficas” que debería velar
ahora más que nunca por la salud de los ríos, no solo para gestión de trámites
como restaurar un lavadero o hacer una cesión de aguas para una industria, sino
para garantizar el suministro de agua de boca y de riego de calidad, verificar
el correcto manejo de residuos, vigilar el cumplimiento de las guardas y servidumbres
de paso, investigar las milagrosas desapariciones de fuentes, abrevaderos y
otros puntos de agua que por más que denuncies nadie puede atender. La puesta a
punto del trabajo operativo de las estas confederaciones tendrían un impacto en
el empleo nada desdeñable.
3)- Imposible no mentar, en relación con lo anterior, lo necesario que es el
cuidado de los montes para evitar incendios forestales. Los recursos del monte
has sido siempre muy
valorados para las comunidades locales. Es de las pocas cosas que además
todavía mantienen (en algunos sitios) cierta gobernanza comunal. Contratar mano
de obra educación, prevención y actuación frente a incendios forestales,
compaginándolo con otras actividades económicas tradicionales, como las suertes
de leña, la resinación o el pastoreo constituiría de nuevo una fuente de
riqueza importante para las comarcas.
4)- Según el preámbulo de la LDSMR el Mundo Rural en España contiene el 90%
de su patrimonio cultural. El cuidado del Patrimonio material e inmaterial brilla
por su ausencia. Las leyes que lo protegen no tienen una dotación económica,
pero es que además la falta de técnicos por parte de las CCAA para las simples
tareas de control tienen como consecuencia su pérdida inexorable. El cuidado y
consolidación del patrimonio histórico, arqueológico y etnográfico constituiría
un nicho de empleo importantísimo con un impacto social de un altísimo valor
añadido (cuestiones de educación, autoestima, creación de lazos de comunidad,
transmisión de conocimientos…).
5)- Otro gran sector de oportunidad es el agroalimentario, pero la PAC lo
lastra. Los productores cobran precios bajos, los consumidores quieren pagar
poco, y el margen que hay entre ambos (la transformación y la distribución) son
los que se llevan los beneficios. La pequeña industria de transformación
(tradicionalmente llevada a cabo por mujeres) en España podría calificarse como
“acto heroico”. Nuestras administraciones no han sabido (o querido) trasponer
eficaz o convenientemente las normativas europeas en materia de salud e higiene
(los famosos paquetes sanitarios). Es inaudito que no haya posibilidad de crear
pequeñas queserías, cerveceras, conserveras que permitan a los productores
obtener un producto de calidad diferenciado y poderlo vender en mercados de proximidad.
Más sangrante aún es el cierre de los mataderos municipales o la imposibilidad
de contar con un servicio itinerante. ¿De verdad ninguno de nuestros sabios
legisladores han relacionado nunca la expansión de la economía de los reinos
hispanos en la Edad Moderna con la actividad ganadera extensiva?
6)- En una pirámide de población dominada de lejos por la tercera edad, que
además tiene que cubrir amplias distancias de desplazamiento para recibir
atención cuando no son directamente desplazados a residencias lejos de donde
han vivido toda su vida, es conveniente una apuesta decidida desde las
instituciones públicas por la “economía de los cuidados”. No se puede
desatender así a la gente en el ocaso de su vida, privados además de la
“generación soporte” que se fue a vivir a la ciudad. Educar desde los programas
oficiales de formación para crear cuidadores y cuidadoras del propio territorio
facilitaría la empleabilidad de parte de la población activa rural en la
atención y acompañamiento de nuestros mayores.
7)- El turismo es uno de los sectores estratégicos en nuestro país. Según el
Plan Nacional de Turismo y los informes de algunos organismos internacionales
(como la UNESCO o la Organización Mundial del Turismo) cada vez hay una mayor
demanda del turismo cultural y de interior. Algunas de esas asociaciones (así
como otras como el Consejo de Europa) llaman la atención sobre una cuestión
crucial: tenemos “recurso” pero no “producto”. Es decir, tenemos monumentos,
paisajes, gastronomía, eventos culturales, rutas, cielos despejados… pero no
tenemos planificación alguna ni se da oportunidad a ninguna escala a los
gestores culturales para ordenar estos recursos de manera que sean a la vez
protegidos, divulgados, valorados y rentabilizados. El que crea que el turismo
asienta población se equivoca: el turismo asienta
población si involucras a todos los agentes locales y a todas las
administraciones, y dejas que la iniciativa local cualificada planifique y
gestione esos recursos.
8)- Otro sector estratégico del Estado es la Energía. Algunas de las zonas
que más han perdido población son aquellas que contaban con plantas de
generación de carbón, combinadas o nucleares, ya que el paulatino
desmantelamiento de las mismas se vislumbra como algo inevitable. Convertirlas
en macroplantas en renovables (investigación, fabricación, generación, y
distribución) sería la salida más sensata. Mantendría puestos de trabajo y la
posibilidad de que las empresas de generación siguieran manteniendo su
actividad económica, puesto que nuestros gobiernos han invertido mucho en
ellas.
9)- Lógicamente para asentar población son necesarios planes de vivienda
comarcales que se basen no en la compraventa, sino en el alquiler, la cesión
temporal o el contrato de custodia. Casas en ocasiones de alto valor
patrimonial (histórico) que están prácticamente en ruinas y que necesitan de
una inversión fuerte, o casas de varios propietarios a los que se les hunde por
falta de acuerdo entre ellos, solares con restos de edificios derruidos… Es
necesario un vuelco de la política de vivienda en el medio rural porque hacen
falta casas para que la gente habite en ellas. El fomento de la rehabilitación
de casas (tanto municipales como particulares) para aquellos que tengan
voluntad en contribuir a la integración de nuevos pobladores puede ser un
incentivo muy grande para las empresas de construcción que sobreviven en
nuestras comarcas.
10)- La última medida es la concienciación. El mundo rural como cuestión de
Estado. No hay mayor arma que la educación. Hay que dejar de ver el mundo rural
como subsidiario del urbano (y no hay más que abrir un libro de 5º de primaria
para darse cuenta del desprecio que subyace hacia lo rural y el tratamiento
superficial que se le da). Todas las administraciones deben trabajar juntas en
la elaboración de planes que optimicen y complementen cada uno de sus recursos
para no perder ni un solo euro en burocracias que hacen lo fácil difícil a
través de lo innecesario.
Colofón: todas estas medias enunciadas y categorizadas de diferente
manera se encuentran en la LDSMR. Está claro que en este país poca gente las
lee, aunque todo el mundo habla de ellas. Por eso hemos preparado este
decálogo. Veritas liberavit vos. Aconsejamos encarecidamente ir a la
fuente. [Artículo elaborado por la Asociación de Amigos de la Celtiberia. Publicado por Cope.es el 31 de marzo de 2019]